
Deje de adivinar con sus lámparas infrarrojas
Pedir una lámpara infrarroja de onda corta basándose en su número de pieza es como jugar a los naipes. Lo vemos todo el tiempo: alguien compra una lámpara porque su potencia y longitud coinciden con las de la que ya tenía antes. Unas semanas después, llama para decirnos que las lámparas se están agotando o, peor aún, que están dañando el producto.
La verdad es que una lámpara no es simplemente una pieza que se puede reemplazar. Es parte de un sistema térmico mucho más complejo.
El secreto dentro de la lámpara
Para generar esa radiación de onda corta (entre 0,7 y 2,5 μm), estas lámparas deben alcanzar temperaturas extremadamente altas. Por eso utilizamos vidrio de cuarzo de alta pureza: no se deforma cuando las condiciones son extremas.
Pero lo realmente importante es el gas halógeno. Este crea un ciclo que permite que el tungsteno evaporado vuelva al filamento, manteniendo así una luz estable y evitando que la lámpara se apague prematuramente. Eso es lo que diferencia una lámpara que dura mucho tiempo de una que se rompe rápidamente.
Calor, espacio y el riesgo de daños
Las especificaciones técnicas no son simples números aleatorios. Cuando se utiliza alta tensión y alta potencia, se genera una gran cantidad de calor en un espacio muy reducido. Si se coloca una lámpara de 2500W en un espacio demasiado pequeño, ese calor no solo afecta la pieza a tratar, sino que también afecta a los reflectores y los cables. Si los ventiladores de refrigeración no son suficientes, los conectores podrían dañarse. No es algo bueno.
Luego está la base de la lámpara. Utilizamos bases tipo R7 o Sk15. La mayoría de las personas prefieren las bases R7, pero si la máquina tiene muchos movimientos, una conexión deficiente puede causar arcos eléctricos. Eso conduce rápidamente a la destrucción de la lámpara.
La velocidad es buena… hasta que no lo es
La ventaja principal de las lámparas de onda corta es que logran alcanzar las temperaturas deseadas rápidamente. Pero esa velocidad también puede ser un problema. Es fácil exceder los límites permitidos. No basta con conectarla y esperar lo mejor. Hay que ajustar la distancia, el ángulo del reflector y la frecuencia de pulsación de manera precisa.
Por eso damos tanta importancia al diagnóstico en el lugar donde se utiliza la lámpara. Preferimos medir directamente la temperatura superficial de la pieza, en lugar de basarnos únicamente en las especificaciones de la lámpara. Es la única forma de asegurarse de que el producto se cure sin que se derrita accidentalmente.